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Una visión psicológica del travestismo

Muchos estudios académicos, desde Foucault hasta Butler, analizan la relación entre sexo y género, sexo como la condición biológica dada de nacimiento y género como el acervo de concepciones, atributos, funciones y conductas con las que cada sexo se identifica o se le imponen.

El travestismo, a veces sin quererlo y a veces queriendo, es una forma de cuestionar la forma de vivir sexuada, y así como no hay una única forma de existir como mujer o como hombre en correspondencia de sexo y género tampoco existe una única forma de vivir como travesti.

La definición tradicional del travestismo es la de una persona que se excita o estimula al utilizar ropas del sexo opuesto, aunque esta no sólo es una conceptualización burda sino también limitada al aspecto físico y sexual, cuando en realidad, muchas veces, estas formas de vivir replantean los preconceptos socialmente dados de la funcionalidad, atributos y conductas asignadas y/o impuestas a un determinado género.

Consciente o inconscientemente muchas veces se asocia el travestismo a la homosexualidad, la prostitución o a ambas, siendo que muchas veces no se superpone a ninguna de estas dos formas de vivir. También suele ser confundido con la transexualidad, siendo que una persona travesti acepta su sexo biológico pero integra de forma activa aspectos del género asignado socialmente al sexo opuesto, por el contrario, alguien transexual desea una correspondencia entre su sexo biológico y el género con el cual se identifica.

Las diferentes formas de vivir el travestismo pueden ir desde el mero fetiche sexual (que puede practicarse públicamente o en privado), hasta la inclusión en la vida diaria de modos y conductas que combinen lo femenino y lo masculino.

Según la psicologa Georgina Burgos, citada por el sitio webconsultas.com, desde la psicología y la sexología, esta forma de vivirse como seres sexuados no es un trastorno o enfermedad mental y por consiguiente no precisa ningún tipo de tratamiento; el elegir vivir la sexualidad desde el travestismo no es una enfermedad, pero debido a la incomprensión social el proceso de aceptación por parte de familiares o amigos puede requerir la ayuda de un sexólogo o psicólogo que oriente al entorno.

Muchos libros y teorías (como la corriente queer) dan batalla para deconstruir conceptos y prejuicios sociales alrededor de las diversas formas de vivencia y expesión de la sexualidad (no sólo como prácticas del acto sexual sino como formas de encarnar un cuerpo), y frente a esto, lo citado en este artículo resulta sumamente escueto, parcial y limitado, por lo que invitamos a profundizar en un aspecto tan cuestionado como popular en nuestros días como es la relación entre sexualidad y salud mental.

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