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Se duplicó el consumo de Clonazepam en Argentina

No se trata de un hecho revelador, en un país donde quien no ha recurrido a las pequeñas píldoras, al menos cuenta con un familiar o amigo cercano que lo ha hecho. Fáciles de transportar en la cartera de la dama o el bolsillo del caballero, prometen desde soluciones mágicas hasta experiencias innovadoras.

La realidad es que las razones  son cada vez más diversas pero, como afirman autoridades en el tema, se trataría de un fenómeno llamado “medicalización de las conductas”.  Frente a la necesidad de pasar un proceso de angustia o de duelo, aparece la medicalización de ese momento. Mientras que la publicidad de la cultura non-stop juega un rol importante también.  Ante la supuesta o concreta imposibilidad de frenar la máquina laboral aparecen productos que prometen mágicamente aliviarnos sin permitir al cuerpo o la mente atravesar lo necesario ante cada situación.

Las píldoras con efectos psicotrópicos son de cada vez más fácil acceso, y no porque la legislación lo haga posible siempre, sino porque la cultura de la sociedad ha mutado a una forma de atravesar procesos emocionales desde la cual existe una pastilla para cada problema, incluso para los cotidianos. Los proveedores van desde un familiar hasta un farmacéutico o psiquiatra amigo, que ven como algo común ofrecer medicamentos de este tipo.

Gran parte de los psiquiatras opina que el consumo de medicamentos es útil en tanto y en cuanto sea utilizado en patologías graves y prevalentes pero en cuanto es utilizada para situaciones cotidianas se comienza a realizar un mal uso de las mismas.

Cada cierta cantidad de tiempo, la Asociación Estadounidense de Psiquiatría publica el DSM, un manual que categoriza, describe y diagnostica los trastornos mentales. Un documento de referencia por demás polémico ya que llega a categorizar como enfermedad mental la adicción al sexo o a internet, ofreciendo un tratamiento farmacológico para las mismas.

Este tipo de documentos posee un impacto fuerte a nivel social, haciendo llegar a la conclusión de que todas las personas en mayor o menor grado poseen desordenes mentales, lo cual predispone a una “paranoia médica”. El dato interesante es que muchas veces las enfermedades diagnosticadas en estos manuales coinciden en el lanzamiento de productos farmacéuticos específicos para su tratamiento.

Según datos de la Confederación Farmacéutica Argentina, dados a conocer por el diario La Nación, para finales de 2014 el consumo de Clonazepam, una popular droga psicotrópica y principal activo del famoso Rivotril (droga utilizada para tratar ataques de pánico entre otras patologías), ha aumentado en un 105 por ciento, un número alarmante.

Este medicamento psiquiátrico al ser consumido de manera autónoma sin la guía de un psiquiatra responsable puede generar adicción en quién lo consume y posee una larga lista de efectos secundarios entre los que se destacan:

  • Somnolencia
  • Dificultades para pensar
  • Pérdida de memoria
  • Inestabilidad y mareos
  • Dolores musculares y articulares
  • Problemas visuales o a nivel facial
  • Problemas respiratorios
  • Reducción del deseo o desempeño sexual

Estas consecuencias se agravan aún más cuando se los ingiere en conjunto con alcohol, una moda entre los jóvenes y algunos adultos. Así esta droga puede generar mayor somnolencia, alteraciones en el pensamiento y en la motricidad, alucinaciones, pérdida de sentido del peligro, entre otras.

A no ser que se den indicaciones explícitas de  un profesional el uso de esta droga no debería extenderse por más de nueve semanas bajo estricto de control.

Frente a esta grave situación el Colegio Farmacéutico Argentino se encuentra mejorando y evaluando los sistemas de “farmacovigilancia” ya que el aumento del consumo de estos medicamentos resulta alarmante y representa una “amenaza socialmente aceptada” pero tan peligrosa como las drogas ilegales que circulan en las calles.

Por esto los responsables recomiendan no automedicarse, evitar el uso de psicofármacos si es posible y consultar a un profesional responsable de considerarlo necesario para poner en marcha un plan responsable del uso de la droga.

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