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Los riesgos de los tratamientos no invasivos

Hoy encontramos a nuestro alcance un sinnúmero de opciones a la hora de buscar una transformación estética. Entre estas alternativas se encuentran los tratamientos estéticos no invasivos o mínimamente invasivos, como es el caso de la depilación láser, luz pulsada o drenaje linfático, entre otros. A pesar de que no representan un riesgo como otro tipo de intervenciones, es importante comprender que no son inofensivos, por lo que es imprescindible que sean llevados a cabo por profesionales y médicos especializados en condiciones adecuadas.

Es necesario comprender, tanto por parte de los pacientes, o consumidores, como de los que ofrecen estos tratamientos, que no hay que "banalizar" la medicina estética, y entender que existen riesgos y por supuesto tener siempre la premisa de que la estética es parte de la salud de las personas.

Edgardo Chouela, del Hospital Argerich de Buenos Aires, afirma que "existe un alto riesgo sanitario por el mal uso o el uso inescrupuloso de la tecnología láser por aquellos que transforman la medicina en un negocio económico". Y remarca que cuando se trata de tecnología láser, la Resolución 1271/01 del Ministerio de Salud determina que únicamente puede ser manejada por profesionales de la medicina.

¿Cuáles son los riesgos de los tratamientos láser?

A pesar de que muchas veces se minimizan los riesgos de este tipo de tratamientos, es clave conocer que la aplicación del láser sobre la superficie de la piel representa cierto compromiso para nuestra salud. Entre las lesiones cutáneas encontramos enrojecimiento y picazón, aparición de manchas de diferentes tipos e incluso quemaduras de diversos grados. Lógicamente que otro de los riesgos del uso incorrecto del láser es que el tratamiento no alcance los resultados inicialmente buscados.

En el caso de la utilización inadecuada del láser para lo que se conoce como "depilación definitiva", la doctra Irene Bermejo, de la Sociedad Argentina de Dermatología, expresa que "el pelo sólo es depilable con el láser cuando se encuentra en la llamada fase de crecimiento, en la que se halla conectado al bulbo piloso. Entonces, al aplicarse el láser, la energía viaja a través del pelo y llega hasta el bulbo, quemándolo. Pero el problema es que siempre hay entre un 10 y un 15% de la masa total de pelos que no está en fase de crecimiento, y si uno aplica el láser sólo quemará el pelo, pero no el bulbo. Es por eso que hay que aplicar el láser cada 3 meses, que es lo que tarda el pelo en cambiar de fase, y durante 6 sesiones para obtener un buen resultado".

Si no se respetan estos plazos, y el láser es aplicado durante seis sesiones en forma mensual, como se lleva a cabo en numerosos centros de estética, "no se terminará de quemar todos los bulbos, sino que se los atrofia. Lo único que se obtendrá es que el pelo se afine, y cuando el pelo se afina ya no responde al láser, porque no puede transmitir su energía al bulbo. El resultado es que la paciente no logrará los resultados buscados, y además sólo podrá ser luego depilada con cera", agrega la doctora.

Otra de las opciones es la recientemente llegada luz pulsada, que resulta aparentemente menos invasiva, pero que debe ser, como en todos los casos, manejada por un profesonal. El doctor Sergio Korzín, de la Sociedad Argentina de Cirugía Plástica, Estética y Reparadora, explica que "a medida que se baja la calidad de los equipos que se usan para aplicar tratamientos que emplean láser o luz pulsada, aumenta exponencialmente el riesgo de quemaduras".

Fuente: www.rionegro.com.ar

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