La “muerte digna” en primera persona

14 de mayo de 2012 0
La “muerte digna” en primera persona
Tras la aprobación del proyecto de "muerte digna" muchas familias están a la espera de una reglamentación para que se ponga en práctica la ley. En esta nota te mostramos casos que viven en carne propia una realidad que hasta hace poco era tabú

El Senado de la Nación aprobó por unanimidad el proyecto de “muerte digna”, convirtiendo en ley un proyecto que establece la “autonomía de voluntad del paciente“, quien tiene derecho a aceptar o rechazar ciertos tratamientos o procedimientos médicos o biológicos, con o sin expresión de causa. Determina además que toda actuación médica requiere el previo consentimiento informado del paciente y ante casos de incapacidad o imposibilidad del paciente el consentimiento puede ser dado por cónyuges, hijos, padres, hermanos, abuelos, nietos y representante legal, mientras sean mayores de 18 años.

“La muerte es parte de la vida”

Claudia es una mujer de 40 años que vive en la capital de San Luis con su marido y sus tres hijos. A los 39 años un cáncer de mama le provocó metástasis óseas múltiples. Hizo quimioterapia y radioterapia, con todo lo que esto trae aparejado: náuseas, diarrea, hemorroides y pérdida del pelo. Actualmente recibe una quimioterapia suave para los huesos y va a una kinesióloga especialista en huesos.

Esta mujer afirma estar de acuerdo con la ley, porque “es muy feo que te tengan viviendo artificialmente. La muerte la vamos a tener todos. Yo sufrí mucho, es horrible estar postrada en una cama sin poder hacer nada y encima sentir que molestás a los demás. Si estuviera sufriendo mucho la pediría” y concluye con una frase más que contundente: “La enfermedad no me va a llevar a mí, yo voy a llevar a la enfermedad“.

“Él hubiera querido la Ley”

Teresa Rivero es la madre de Jesús Agüero, un mendocino que a los 38 años murió por un cáncer de hígado. “Tenía dolores muy fuertes pero siempre seguía adelante. Le dijo al doctor que quería dormir y no despertar más“, confesó la mujer.

Jesús estaba casado, tenía dos hijas y trabajaba como cortador de carne en un supermercado. La enfermedad fue detectada cuando tenía 36 y pasó casi dos años peleando contra el tumor maligno. Tuvo días mejores y otros más difíciles. Por momentos el dolor era llevadero, en otros la morfina era inútil.

Los padres no estamos preparados para perder un hijo. Aunque Jesús sufría mucho nos pedía que no sufriéramos por él. A veces me decía: ‘Vieja, ya está todo listo. En cualquier momento te dejo’. La última noche, el médico me dijo que me fuera porque si no él no iba a poder partir”, concluye Teresa, que no deja pasar la oportunidad para agradecer el trato incondicional que tuvo el médico que atendió a su hijo, el Dr. Marcelo Álvarez, un profesional que “siempre estuvo al lado de Jesús”.

“Durar no es lo mismo que vivir”

Una de las mujeres que promovieron la ley de muerte digna es Susana Bustamante, madre de Melina González, una joven que pasó años postrada debido a una enfermedad irreversible. “Ella me dijo que durar conectada a un respirador artificial no es voluntad de Dios sino el capricho del hombre“, explica Susana.

Melina falleció el 2 de marzo de 2011 a los 19 años, luego de una larga lucha contra la neurofibromatosis, una enfermedad degenerativa del sistema nervioso que le paralizó el cuerpo por completo y redujo su peso a sólo 20 kilos. “Cuando una persona llega a un estado terminal e irreversible se debe permitir que acontezca el hecho natural“, señaló la madre.

El caso de Melina fue tomado por sus familiares como una bandera a favor de la ley sancionada.

“El encarnizamiento terapéutico es terrible”

Uno de los casos más mediáticos de los últimos tiempos fue el de la pequeña Camila, la niña de tres años que se halla en estado vegetativo e irreversible desde su nacimiento. Selva Herbón, su madre, fue una de las impulsoras más reconocidas de la ley: “Esta ley no obliga a nadie a hacer nada, sólo ampara. O sea que son los médicos y la familia del enfermo quienes tendrán que tomar la decisión correcta en el momento que consideren oportuno”, comentó la mujer.

El caso de Camila estuvo originado por una mala praxis en el momento del parto, un error médico que le causó un severo daño neurológico a la pequeña. “Ella está internada desde siempre. No tiene respiración espontánea, se alimenta sólo con leche y hay que rotarla todos los días para que su piel no se escare“, explicó Selva.

“Ahora estamos a la espera de la reglamentación para que se ponga en práctica la Ley. Eso posibilitaría que se pueda desconectar el respirador de mi hija. Nosotros podríamos haber presentado un recurso de amparo pero eso sólo hubiera sido para Camila. Lo que queremos es que no haya más casos así, el encarnizamiento terapéutico es terrible“, concluyó.

Autor: Salud.com.ar