Infertilidad: alquiler de vientre

14 de marzo de 2012 0
Infertilidad: alquiler de vientre
Cuando las diferentes técnicas de fertilización fallan, muchos padres consideran la posibilidad de alquilar un vientre como una última oportunidad de concretar su sueño. En este artículo abordamos una temática que debe ser hablada y discutida

El alquiler de vientre es un tratamiento a través del cual una pareja recurre a la Fertilización In Vitro (FIV), implantando los embriones en el útero de una mujer designada como “madre subrogada”. Esta técnica, según señalan especialistas, debe contar con una clara indicación médica para ser llevada adelante.

Desde el punto de vista médico, esta técnica es una opción únicamente cuando la paciente no tiene útero, ya sea por una malformación o porque le fue extraído en una intervención quirúrgica y ha sido sometida a diversos tratamientos de fertilidad sin lograr un resultado satisfactorio. También se indica esta técnica cuando la mujer presenta problemas para llevar un embarazo a término y en casos en que el embarazo pueda poner en riesgo su vida o la del bebé. Otra realidad es la de parejas gay de hombres que buscan formar una familia y recurren a este tratamiento.

Esta técnica tiene diversas variantes: la pareja puede usar óvulos de la mujer o éstos ser provenientes de una donante en casos en que la mujer no sólo tenga problemas de útero, sino también de calidad de sus óvulos.

De esta manera podemos hablar de dos tipos de alquiler de vientre: el primero, y más frecuente, en el que la madre subrogante aporta el útero y los óvulos, y el segundo, conocido como subrogación gestacional, en la que la madre subrogante sólo gesta el embarazo. Existen algunas miradas críticas en relación al primer tipo, ya que se crea un vínculo mucho más fuerte entre el bebé y la madre subrogante, por lo que existe un riesgo de que se presente un conflicto emocional.

El costo aproximado de este tratamiento ronda los 90.000 dólares, cifra que cubre los gastos médicos, los costos de la agencia que encontrará a la mamá subrogante, gastos del embarazo, abogados y, por supuesto, los honorarios de la madre sustituta, que será la que reciba el mayor porcentaje. Esta mujer deberá tener entre 21 y 30 años, no tener problemas de fertilidad, haber tenido un hijo nacido de un embarazo a término, que no fume ni beba alcohol y tenga una vida emocional estable. Para determinar todo esto se llevan adelante diversos estudios médicos y psicológicos.

Por lo general la pareja conoce a la madre subrogante y se mantienen en contacto a través de videoconferencias e incluso, si la pareja tiene la posibilidad, pueden viajar para estar presentes en algunos momentos clave, como la ecografía en la que se conoce el sexo del bebé. El vínculo entre la familia y la mamá sustituta depende enteramente de la elección particular de cada caso, aunque por lo general el contacto no se mantiene.

En nuestro país el tema se ha puesto en foco de discusión y es importante que el debate se lleve al Congreso. Sin embargo los especialistas afirman que es necesario educar a la población para que comprender con claridad el proceso.

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Autor: Salud.com.ar