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Implante de barba, la medicina de la moda

Hipster, vintage, cool, la moda moldea los cuerpos; algo que hace algunos años resultaba el símbolo de la desprolijidad y la falta de higiene hoy es un detalle de buen gusto que indica virilidad, estilo y buen gusto. Son varios los juicios y cuestionamientos que se pueden plantear analizando las formas en que el mercado se vale del marketing y la publicidad para trocar y transformar la psicología de las masas.

El mercado, desde el advenimiento de la sociedad de consumo, siempre ha tenido su impronta sobre la creencia de que las formas en que la construcción del cuerpo, la vestimenta y los accesorios se dan permiten “construir” la identidad de las personas; la ideología imperante dice: la materia puede definir al espíritu, la materia es la ropa, el cuerpo, las marcas, el espíritu es lo que se es, la esencia, por ende, la apariencia comunicará quién/qué/cómo se es.

De un tiempo a esta parte, la medicina también se ha embarcado en esta tarea viendo, claro, una veta comercial, en la que la transformación (no siempre sin riesgo) de los cuerpos ha servido para saciar la necesidad (a veces impuesta, a veces inherente, a veces un gris entre ambas) de tener el cuerpo deseado, el envase, la forma, la materia que mejor representa al espíritu.

En ese contexto se popularizan las cirugías estéticas, muchas veces destinadas a reducir el trauma de accidentes, mejorar la calidad de vida o acercar la identidad de género al sexo físico, y otras veces avocadas a acercar la apariencia física nata a la dictada por los estándares y valores de belleza, verdad y justicia del mercado.

En ese apartado, el de las transformaciones en pos de la conformidad con la imagen “debida”, se sitúa el trasplante de barba, una cirugía originalmente realizada a personas que, por quemaduras, cicatrices, alopecia, adecuación de sexo o acné, sufrían irregularidades en el crecimiento del vello (no sólo facial sino también genital o de otras zonas del cuerpo), pero que en los últimos dos años ha sido furor entre aquellos lampiños que desean apuntarse entre los hombres con barba poblada.

La mejora en los procedimientos de implante (que hasta hace algunos años se realizaban por zona y ahora comprenden un trasplante folículo a folículo) ha hecho que los resultados tengan una apariencia sumamente natural.

El procedimiento suele tomar folículos pilosos de la nuca y reimplantarlos en la zona deseada uno a uno realizando micro orificios de aproximadamente 0.5 milímetros. El tratamiento es sumamente popular en Europa y Estados Unidos, donde la Sociedad Internacional de Cirugía Restaurativa de Cabello (International Society of Hair Restoration Surgery) advierte un crecimiento del 1.5 al 3.7 por ciento entre 2012 y 2014, para este tipo de intervenciones. En España una barba completa puede costar entre cinco y seis mil euros y requiere una cirugía de varias horas debido a la minuciosidad del trabajo.

Una vez realizado el implante todo el pelo cae y se da un crecimiento natural del vello que puede ser afeitado y modelado a gusto. Así, una vez más la ciencia permite intervenir los cuerpos en favor de las necesidades creadas por la moda, ¿bueno? ¿malo? Depende del lente con que se lo mire.

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